Alejandro es uno de los grandes personajes más enigmáticos de la historia. Los historiadores, aun basándose en las mismas fuentes brindan distintas descripciones de él. Algunos lo pintan como un visionario idealista, y otros, como un ser maquiavélico y despiadado.
En la mayoría de las fuentes encontramos la vida de Alejandro Magno otorgado como Magno, pero según otras, fuentes más minoritaria, especulan que para algunos podría haberse llamado Alejandro el “aniquilador”, porque aplastaba a los que se ponían en su camino. Alejandro se consideraba a sí mismo como un Dios, sus admiradores como un genio militar y sus enemigos lo denominaban el “demonio”. En oriente era un villano, asesino, emisario de la muerte y destructor de ciudades porque masacró a miles de personas.
Podemos encontrar esta información en un documental del canal Historia, llamado Los malos de la historia: Alejandro Magno, en la siguiente página:
Sin embargo, también hay páginas que elogian a Alejandro Magno, y comentan sus hazañas, sin desvelar las consecuencias que se daban durante sus conquistas. En una página de Joaquín Acosta, dice que Alejandro cometió un crimen, pero no fue cruel. Jamás se regocijó en el sufrimiento y la desgracia, si no que siempre actuó con una caballerosidad de la que Julio César hizo su ley. Venció a naciones pero no las esclavizó, respetó sus costumbres y trató de integrarlas en su sueño que era el de todos. Alejandro es el primer hombre de la Historia que hizo de lo universal una idea, y un acto. Lo inventó y lo puso en práctica. Sus apoteósicas campañas militares siempre ciegan al que le estudia, fue más que un general victorioso, mucho más.
Asimismo indica, que lo verdaderamente valioso de la lectura de los dectractores de Alejandro, es que a pesar de sus ataques, se ven obligados una y otra vez a reconocer la grandeza del macedonio, y que frecuentemente tales acusaciones se efectuaron para enmascarar ataques políticos, o efectuar interpretaciones erradas, consecuencia a su vez del desconocimiento del mundo macedonio y asiático de la época de Alejandro
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También en libros como la Biblia lo menciona como un gran conquistador que sometió a todos los reyes de la tierra ofuscándose de poder. El Corán lo menciona como un ángel exterminador enviado por Allah para someter a los pueblos.
Esto se recoge en:
http://my.opera.com/pajaru/blog/alejandro-magno-generalidades
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En otra página, recoge diversas opiniones sobre la personalidad de Alejandro de autores de todas las épocas, que las hemos extraido de la Wikipedia, que aunque no es una enciclopedia, y su contenidos no pueden ser fiables. Si consideramos interesantes la consulta de este enlace para que podamos conocer palabras textuales recogidos de escritos de muchos autores de todas las épocas.
Cualquiera que hable mal de Alejandro, que lo haga contando no sólo las cosas censurables que Alejandro hizo, sino que junte todo lo que Alejandro llevó a cabo, y vea así el conjunto. Que considere ese tal quién es él mismo y cuál es su suerte, y frente a eso, que calcule quién llegó a ser Alejandro y hasta qué grado de humana felicidad llegó... Que hable mal ese tal de Alejandro, él que será un personajillo insignificante que se ocupa en pequeñeces y es incapaz incluso de poner orden en ellas
Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro Magno, libro VII, 30
Hemos mencionado muchas facetas de la personalidad de Alejandro: sus profundos afectos, sus fuertes emociones, su valor sin límite, la brillantez y rapidez de su pensamiento, su curiosidad intelectual, su amor por la gloria, su espíritu competitivo, la aceptación de cualquier reto, su generosidad y su compasión; y, por otro lado, su ambición desmesurada, su despiadada fuerza de voluntad: sus deseos, pasiones y emociones sin freno (...) en suma, tenía muchas de las cualidades del buen salvaje.
N.G.L. Hammond, Alejandro Magno. Rey, general y estadista, Madrid, Alianza, 1992.
A demasiados estudiosos les gusta comparar a Alejandro con Aníbal o Napoleón. Un equivalente mucho mejor sería Hitler (...) ambos eran místicos chiflados, concentrados únicamente en el botín y el saqueo bajo la apariencia de llevar la 'cultura' a Oriente y 'liberar' a los pueblos oprimidos de un imperio corrupto. Ambos eran amables con los animales, mostraban deferencia a las mujeres, hablaban constantemente de su propio destino y divinidad, y podían ser especialmente corteses con subordinados aunque estuvieran planeando la destrucción de cientos de miles de personas, y asesinaron a sus colaboradores más íntimos.
Víctor Davis Hanson, The Wars of the Ancient Greeks and their Invention of Western
Military Culture, Londres, Cassel, 1999, pp. 189-190
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